Volver a cultivar, volver a vivir: la fuerza de la tierra en Atzeneta
- Eladi Roca

- hace 5 días
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En los campos de Atzeneta, la historia se labra cada día. Campos de olivos, almendros y viña, muros de piedra seca y márgenes llenos de vida... Durante siglos, este paisaje agrícola ha sido mucho más que una postal: ha sido alimento, trabajo, cultura e identidad. Pero con el paso del tiempo, el envejecimiento de la población y la despoblación, muchas tierras quedaron en silencio.

Ahora, con el impulso de la cooperativa y de personas que no se resignan, la tierra vuelve a hablar. Y lo hace con voces antiguas y nuevas, con manos que regresan a los campos y con una voluntad compartida: volver a cultivar es volver a creer.
Recuperar la tierra es recuperarlo todo
El abandono de los campos es mucho más que una cuestión estética. Cuando la tierra deja de trabajarse, también desaparecen muchas de las relaciones que conectan a las personas con su entorno. El suelo se degrada, los márgenes se derrumban, la biodiversidad se reduce y el riesgo de incendios aumenta. Pero también se pierden saberes, historias y memoria.
Cada campo abandonado, cada olivo sin podar, es un trozo de pueblo que se apaga. Y, al mismo tiempo, cada vez que alguien vuelve a cultivar, el paisaje respira y la comunidad se transforma.
Un impulso con raíces: el papel de la cooperativa
Desde hace décadas, la Cooperativa Agrícola Sant Bertomeu de Atzeneta acompaña a los agricultores en su labor. Pero en los últimos años, ante el aumento de tierras abandonadas, ha dado un paso más. No se trata solo de comprar y vender productos, sino de generar condiciones para que cultivar sea posible y viable.

Con iniciativas de formación, asesoramiento técnico y comercialización conjunta, la cooperativa actúa como espacio de apoyo para quienes quieren recuperar la tierra. Esto incluye desde recomendaciones sobre variedades adaptadas al clima, hasta orientación para dar valor a las cosechas.
En este contexto, hay que destacar el papel fundamental que sigue teniendo la agricultura en la economía local de Atzeneta. El cultivo del almendro, en particular, es uno de los principales motores de generación de riqueza para el pueblo. Durante el año 2025, la comercialización de la cosecha de almendra ha superado los 2 millones de euros, consolidándose como una fuente de ingresos clave para cientos de familias y un elemento esencial en la actividad económica del territorio.
Las voces del campo que renace
Volver a cultivar no es regresar al pasado. Es, más bien, actualizar una tradición que evoluciona. Hay quienes han vuelto a los campos después de años en la ciudad. Hay quienes lo hacen los fines de semana o a ratos, combinándolo con otros trabajos. Pero todos coinciden en algo: la tierra engancha.

Hay una dimensión emocional, pero también real: recuperar tierras genera actividad económica, mantiene el paisaje vivo y crea sentido de comunidad. El valor de lo que se cosecha no se mide solo en euros: se mide también en autoestima colectiva.
Manos que hacen falta, tierras que esperan
Aún quedan muchas parcelas por recuperar. Algunas están cubiertas de hierba alta, otras esconden olivos antiguos que piden poda. Pero todas tienen algo que decir.
Desde la cooperativa se sigue trabajando para apoyar a quienes quieren empezar o continuar. Asesorando, compartiendo experiencias, tejiendo red. Porque el futuro de la tierra no es cosa de uno, sino de todos.
La tierra no se ha rendido. Y nosotros tampoco. Volver a cultivar es volver a vivir. Y el momento es ahora.




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